No miento si digo que fui a Baracoa a encontrar un amor, pero nunca llegó.
Tal vez se perdió en las curvas y los precipicios de La Farola, en las
empinadas cuestas del Yunque,en los bosques, cocales, o entre las
fragancias de cacao… Un amor que tal vez naufragó en las frías
corrientes del Duaba, el Miel o el Toa, que(se) quedó hipnotizado por los
vientos de la bahía y el Malecón...
Pero de Baracoa siempre me quedarán los atardeceres, los paisajes, la
vida, los guajiros, los variopintos colores de la ciudad, la música,
los cucuruchos, los pregones, las tonalidades de verde, la sensación
de haber disfrutado de una tierra aún escondida entre lomas y ríos…

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