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Esta delicada ausencia es un mar que retumba gota a gota en mi pecho, espantada de todo lo conocido mi cuerpo mudo se  refugia en tu recuerdo…

Pequeñito de pies descalzos, caramelito de vainilla,

mi principito de ojitos mínimos y vivaces,

ya no tengo camino ni lugar de retorno,

todo es impreciso y duele.

Ahora que me han nacido alas a mi,

que crecí con un solo cielo

que se desvanece al límite del horizonte,

me desprenden el corazón.

Aprenderé a apartar las sílabas del miedo y el silencio,

transcurriré etérea coreando himnos forasteros,

transportaré los recuerdos al vacío

mientras el viento salobre choca en mi rostro

y los trozos de mis pies descalzos dejan huellas en tierras extranjeras.

Quisiera preservarte de lo desconocido,

y abrigarte con el abrazo más templado,

te harás hombre en mi ausencia,

entretanto,

intuyo la contienda de mi carne por volver.

 

 

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